viernes, 4 de enero de 2008

La casa de azúcar

¿Nunca se sintieron extraños en su propio cuerpo ? ¿Qué algo más allá dominaba sus acciones ? ¿Un cambio repentino de ánimo, sin saber el motivo ? ...

Les dejo una historia...



Ella era muy supersticiosa. Al principio de la relación a Francisco le parecían encantadoras, pero con el pasar del tiempo estás le empezaron a fastidiar y preocupar. Cuando se comprometieron tuvieron que buscar un departamento nuevo, porque Mariel aseguraba que el destino de los antiguos inquilinos influiría en su vida. Recorrieron varios pueblos, sin suerte.
Hasta que hallaron una casa que parecía recién construída, parecía de azúcar, por la blancura. Pero luego Fransisco se enteró que en 1930 la había ocupado otra familia. Entonces le hizo creer a Mariel que nadie había vivido en ella y que era la casa de sus sueños.
En pocos días se casaron y se instalaron. Él temía que Mariel descubra la mentira, por los vecinos. Pero ella hacía las compras fuera del barrio y jamás conversaba con ellos. Eran tan felices que a veces tenían miedo.
Pero un llamado telefónico terminó con la tranquilidad. Mariel no atendió el teléfono, pero existía la posibilidad que alguna vez lo atendiera. La persona que llamaba preguntó por la señora Violeta, indudablemente se trataba de la inquilina anterior.
Desde entonces Francisco tenía cuidado de descolgar el tubo, para que ningún llamado inoportuno los despertara.
Una mañana golpearon la puerta y alguien dejó un paquete. Desde el cuarto Francisco escuchó que la mujer protestaba, y luego oyó el ruido del papel estrujado. Cuando bajó las escaleras encontró a Mariel con un vestido de terciopelo entre los brazos.
Al pasar el tiempo el carácter de Mariel fue cambiando.: de alegre a triste; de comunicativa a reservada.
Y una tarde entró un perro al jardín. Ella declaró que le daría hospitalidad y que lo bautizaría con el nombre de Amor.
A la tarde siguiente Francisco llegó de improviso a la casa. Se detuvó en la entrada porque vió una bicicleta apostada en el jardín. Entró silenciosamente y se escurrió detrás de una puerta y oyó la voz de Mariel decir “¿Qué quiere?”
“Vengo a buscar a mi perro”, “Desde que tengo ocho años esperaba conocerla a usted, desde aquel día en que hablamos por teléfono, ¿recuerda? Prometió que iba a regalarme un barrilete” exclamaba una muchacha.
- Yo la había imaginado tal como es. ¡La imaginé tantas veces! Para colmo de la casualidad, mi marido estuvo de novio con usted.
- No estuve de novia sino con mi marido. ¿Cómo se llama este perro?
- Bruto.
- Lléveselo, por favor, antes de que me encariñe con él.
- Violeta, escúcheme. Si llevo el perro a mi casa, se moriría. No lo puedo cuidar. Vivimos en un departamento muy chico. Mi marido y yo trabajamos y no hay nadie que lo saque a pasear.
- No me llamo Violeta. ¿Qué edad tiene?
- ¿Bruto? Dos años. ¿Quiere quedarse con él?
- A mi marido no le gustaría recibir desconocidos en su casa, ni que aceptara un perro de regalo.
- No se lo diga, entonces. La esperaré todos los lunes a las siete de la tarde en la Plaza Colombia.
- Bueno. Me quedaré con él.
- Gracias, Violeta.
- No me llamo Violeta.

A pesar que Francisco había comprobado la inocencia del diálogo, una desconfianza comenzó a devorarlo. Y todos los días iba a la plaza para ver si Mariel había acudido a la cita.
Un día Mariel me preguntó:
- ¿Te gustaría que me llamara Violeta?
- Prefiero tu nombre.

Un sábado, al atardecer, él la encontró en el puente de constitución, asomada sobre el parapeto de fierro. Se acercó y no se inmutó.
- ¿Qué haces aquí?
- Me gusta ver las vías desde arriba.
- Es un lugar muy sombrío y no me gusta que andes sola.

Volvieron a la casa. Él enloquecido de los celos ( ¿celos de qué?, de todo ), durante el trayecto a penas le habló. Hasta que un día no se aguantó más y Francisco se aventuró a decir a Mariel:
- Si descubriéramos que esta casa fue habitada por otras personas ¿qué harías, ¿Te irías de aquí?
-No me iría de aquí por todo el oro del mundo. Además no tendríamos adónde ir. Tú mismo me lo dijiste hace un tiempo.

Una mañana sonó el timbre de la puerta de calle. Francisco bajó las escaleras y vió a Mariel que estaba hablando con la mujer intrusa.
- Si usted vuelve a ver a Daniel, lo pagará muy caro, Violeta.
- No sé quién es Daniel y no me llamo Violeta
- Usted está mintiendo.
- No miento. No tengo nada que ver con Daniel.

En aquellos días, tan tristes para Francisco, a Mariel se le dio por cantar. Su voz era agradable pero lo exasperaba, porque formaba parte de ese mundo secreto, que la alejaba de él.

Un día oyó a Mariel exclamar con un aire enigmático:
- Sospecho que estoy heredando la vida de alguien, las dichas y las penas, las equivocaciones y los aciertos. Estoy embrujada – fingió no oír esa frase atormentadora. Sin embargo, sin saberlo, empezó a averiguar en el barrio quién era Violeta, dónde estaba, todos los detalles de su vida.

Hasta que llegó a la casa de la profesora de canto de Violeta. La mujer oprimiendo las manos de Francisco le dijo que era también la amiga. Que murió de envidia. Repetía sin cesar: “Alguien me ha robado la vida, pero lo pagará muy caro. No tendré mi vestido de terciopelo, ella lo tendrá; Bruto será de ella; los hombres no se disfrazarán de mujer para entrar en mi casa sino en la de ella; perderé la voz que trasmitiré a esa otra garganta indigna; no nos abrazaremos con Daniel en el puente de Constitución, ilusionados con un amor imposible, inclinados, sobre la baranda de hierro, viendo los trenes alejarse”.

Desde ese día Mariel se transformó, para él, en Violeta. Trató de seguirla a
todas horas, para descubrirla en los brazos de sus amantes. Se alejó tanto de ella que la vió como a una extraña. Una noche de invierno huyó. La buscó hasta el alba.
Ya no sé quién fue víctima de quién, en esa casa de azúcar que ahora está deshabitada.
Adaptación del cuento de Silvina Ocampo.

5 comentarios:

Matias A.V. dijo...

Pao!!!!
increible tu blog, en serio, me encanta, lastima q no subis cosas mas amenudo, no se si la onda aca es firmar o no tampoco,, jajja
yo soy fotologuero...
aah
t aviso, cambie de mail a matiasarado...
matibarju me lo hackearon!!
iguaaal
t digo q se extrañan tus firmas reflexivas en mi flog!
y tus posteos!!!!
espero q al menos hagas uno x mes!
jajaj
hacelo x mi q sabes q leia todo lo q escribias i firmaba acorde, i no la superficialidad de pase/besos/pasate jajaja
como odio q hagan eso!
en fin paoooo
espro ver mas d vos en este blog
y tu regreso a los flogs
y xq no ,,, tus firmas en mi flog!
un beso nena
se te kiere










Mat

Anónimo dijo...

Aprendiendo Literatura con la Profe Pao:

A simple e ingenua vista uno lee el relato de Silvina Ocampo como algo metafísico e ilógico de supersticiones hechas realidad, como es el caso de cierta “posesión” en un cuerpo de una vida anterior. Pero el relato no se limita en esa simplicidad y superstición fantasiosa. Ya que contiene un trasfondo diferente. Como lo dice el título , La Casa de Azúcar, expresa una fachada de un hogar. Y es sólo que había en esa hogar , en esa pareja , solo una fachada. “Éramos felices, tan felices que a veces daba miedo” , no era mas que una apariencia.
A partir de una mentira del marido, surge cierta paranoia del mismo que lo lleva a convertirse en el supersticioso de la historia. Y atribuye los acontecimientos ocurridos a influencias de una inquilina anterior. Un día recibe un llamado , preguntando por una tal Violeta. Enseguida asocia ese nombre con la inquilina anterior, sin nunca haberse dicho eso expresamente. Jamás sospecharía que ese podría ser algún nombre que usaría su mujer. Ni menos cuando escucha que otras personas la identifican a su mujer con el nombre de Violeta.
Tal vez la desgastada relación que llevaban, hiciera que su mujer adquiriera otra identidad en distintos contextos para poder alejarse de aquella fachada que aún mantenían. Mismo que al perro que encuentra lo llama “amor” , atribuyendo “el amor” ajeno a ellos a un intruso, algo que a ellos quizás no le pertenecía aunque no lo admitieran. A pesar que cada vez sería mas notoria la desgastación de la convivencia. Y así aún mas la “creencia” del marido de una influencia exterior por tal situación. Tratando de atribuir los problemas de pareja a una situación de superstición. Irónicamente el supersticioso sería él. Hasta en una parte admite que la búsqueda de información de Violeta hacía que descuidará a su mujer, excusando así parte de sus alejamiento.
Mismo la mujer no satisfecha con la imagen que le reflejaba su matrimonio , le pregunta si le gustaría que se llamará Violeta …preguntando tal vez perversamente de esa forma , si le gustaría aquella otra persona en que se había convertido secretamente y la cual llevaba amoríos y aventuras fuera de su matrimonio. Aquello que el marido no quería aceptar y el cual respondería que no le gustaría que se llamará así , le gustaba su nombre de siempre … aquel nombre de la mujer visible en un matrimonio invisible.
Las mentiras y supersticiones se mezclan formando lo mismo , un ocultamiento de insatisfacción y secretos.
Mismo cegado en su credulidad, el marido inicia buscar mas información de “violeta” , y su maestra de piano … le dice que “había muerto de envidia” , técnica de la autora para despistar, ya que es un frase de uso común el cual no literalmente quiera decir que “haya muerto” y es lo que puede desconcertar al lector. Y le dice que ella había escuchada todas las revelaciones de Violeta , en realidad la vida paralela o la otra personalidad de su mujer.
Mismo la voz de la mujer que escucha al principio , la dueña del perro , no es mas que ella en su locura. Mezclando su infancia con esa parte, ya que dice que desde los 8 años que la esperaba. No era mas que ella hablando con si mismo. Por eso acudía ocultamente a un sanatorio frenopatico , que es un lugar para gente con problemas psiquiátricos. (Detalles que obviaste en tu adaptación)
Hasta que el relato finaliza que el la ve a su mujer ya transformada en violeta, dejando la duda si es que se dio cuenta de la realidad o simplemente seguía en la superstición de que la invadía una inquilina anterior , siendo en realidad no mas que su mujer en búsqueda de una doble personalidad para intentar escapar de una vida disfrazada en azúcar que le proveía la dulce angustia de la farsa.

Anónimo dijo...

En otras palabras...

El boludo era un cornudo que ni siquiera quería admitir que su mujer era una trola ... porque el mismo no la podía satisfacer ... y tan cegado en sus cuernos que buscaba la respuesta en una mentira inicial suya ...la existencia de una operancia exterior y metafisica " ... (muchos cornudos tienen esa ilusión, y asi los manochantas se llenan de guita, y estan los boludos/as prendiendo velitas para que las malas ondas se vayan Y que su noviecito/a querido vuelva arrastrado a sus pies y pensando que todos los cuernos que se metieron fue por ARTE DE UNA MAGIA MALIGNA ! )

Que lindo que te guste ese tipo de cuentos ... jajajaja !!

Acordate !! cuando te pesquen con un amante !! ... excusaste enseguida que no era vos. .. que sentis extraño tu mismo cuerpo , que algo mas alla dominaba tus acciones , y que habías tenido un cambio repentino de animo , sin saber el motivo...

ahi no mas... el pobre cornudo te va mirar perplejamente... sin entender mucho y sin querer ver la triste realidad ... te va perdonar !! y además al otro día te va regalar millones de narcisos !! y todos dirán :
aaay que lindo es el amor !!


Un saludo a pao y a mariel !!! ... (La fiel y la corneta de una misma persona) jajajjaja

CHAU

Anónimo dijo...

jjjaja,,, paso a dejar mis saludos,,
estoy haciendo un trabajo para la Universidad sobre el cuento de Silvina Ocampo,, La casa de azúcar, y buscando info en el google me salto tu blog y entré,,asike bueno,, no puedo irme sin dejar mi huella,,,
que Dios te bendiga con una excelente vida,, no tengo blog,, pero mi fotolog es www.fotolog.com/theitoamor .....

Bendiciones !!!!


Juliana !

Anónimo dijo...

hola exelencia lo tuyo!! te kiero amiga!!